miércoles, 3 de septiembre de 2014

SEXOLOGIE Un viaje sonoro a través del placer (Trip #2)





































NATHANIEL MERRYWEATHER Lovage
HERVE ROY Voix unique
PETER THOMAS Modern sex
ARMANDO TROVAJOLI Sesso matto
GIANNI MARCHETTI Part-y-time
STEFFI VIJNAK Bangkok at night
STAFF'S CARPENBORG Let the thing come up
DANYEL GERARD Sexologie
GERHARD HEINZ Love, love, love
BRIGITTE & LUMI Incontro
BACKGAMMON Sunset in Ibiza
MAGIC CARPET Kamasutra
SIRARCUSA Love games
ORCHESTRA KING ZERAND Night song
NICO FIDENCO Eternal anguish
PIERO UMILIANI Fotomodelle
ROLF WILHEM Do it yourself
FANTASTIC PLASTIC MACHINE Green door
FRANCO MICALIZZI Hold up
PATCHWORK Afro-disiac
ATOMIC CIRCUS Ombilic contract
OUTRO Una vez llegado a este punto

sábado, 30 de agosto de 2014

SEXOPOLIS Un viaje sonoro a través del placer (trip 1)









































INTRO Una película verdaderamente sexy
JEAN PIERRE MIREUZE Sexopolis
ROLF KÜHN Playmate
ANT SUE Música romántica
ORCHESTER WERNER MÜLLER Body building
KENSSUKE SHINA Nude music
GIANFRANCO PLENIZIO Grigioperla
DE GIAFFERI Sado-maso
THE PRIMEVAL RHYTHM OF LIFE Sex goddess
BILL LAWRENCE Pussy baby
THE BACKGROUND STUDIO GROUPIES Come shoot
KARL HENINZ SCHÄFER Le couleur des yeux
SERGE GAINSBOURG & JANE BIRKIN 69 année erotique
NICK WILSON Suggestion
PHILIPPE NICAUD C'ex
STEFANO TORRISI Having fun
GIANPIERO REVERBIERI The reincarnation of Isabel
ANNIE GERMAIN, ORSO MARIA GUERINI & FRANCO MICALIZZI Laure (aime moi)
LAURA SAINT PAUL So
FRANCO CAMPANINO The climber
OLIVER DESPAX Dingo (love on the beach)
RITA Erotica
OUTRO Te encuentro cambiada

jueves, 28 de agosto de 2014

MARIO MOLINO "3" (CAM 052, 1973)














































































Angeli del 2000


Shake Psyco


Jerk beat


 En realidad la banda sonora para "Gli Angeli del 2000" (Hanil Ranieri, 1969) "Mario Molino 3", publicado por el sello CAM en 1973, probablemente sea el Lp más completo del guitarrista Mario Molino. Desde la canción que da título a la película, trufada de efectos electrónicos, beats de bateria y efectistas riffs de guitarra (quizá algo más que deudora del "Psyche rock" de Pierre Henry incluida en su "Misa para los tiempos actuales" de dos años antes) hasta "Woman", evocadora y sugerente pieza con -juraría, aunque viene sin acreditar- la voz de Edda dell Orso, es uno, otro más, de los innumerables ejemplos en que la música que ilustra las imágenes para la que fue concebida es infinitamente superior a lo ilustrado. En este caso la historia de Marco, traficante y adicto obsesionado con el recuerdo de Valeria, su enamorada, muerta delante de él en un trágico accidente. Marco tiene una especie de idilio con Angela, una estudiante que vive en un edificio de apartamentos cercano a su piso y con la que pretende suplantar el doloroso recuerdo de Valeria. Asqueado con su vida y sus circunstancias participa a su pesar en una guerra de bandas que parece abrirle los ojos y redimirlo. Una vez lograda la hazaña, esperando a Angela y en parte superados sus traumas, mientras cruza la calle para reunirse con ella, es él ahora el atropellado, muriendo delante de ella e impidiéndole por tanto comenzar de nuevo.

Pero volvamos a las cimas del disco para quién esto escribe; "Shake psyco" auna vientos souleros y beats de batería con sintonías cinematográficas y un hammond omnipresente hasta lograr un beat moderno à la page. "Jerk beat" sigue similar camino, ahora con el groove rítmico absolutamente acelerado, despendolado, mientras una guitarra zigzagueante la cose por completo. Cambiamos de tercio con "Le mani", su vibráfono, sus coros femeninos, su ritmo moroso y volvemos a hacerlo con la aventura en exótica de "All see saw", bongos, efectos, vibráfono y vientos. "Bossa jaguar", como su título indica, es la preceptiva bossa, Otras, menores y meramente incidentales sin las imágenes que ilustran ("Furto di droga", "L.S.D. una croce", los tres "Poemas") completan el disco. Ahora solo queda que escuchen y juzguen.

Woman


All see saw


Le mani

miércoles, 27 de agosto de 2014

RAPHAEL "Si ha de ser así" (UA Latino, 1970)














































































Te quiero, te quiero


Alguien


A estas alturas del partido hablar de Raphael es algo que está de sobra. Se ha escrito tanto que cualquier cosa que uno diga servirá para poco. Daría igual loarlo o criticarlo, todo cabría y todo también sería más o menos ajustado. Independientemente de lo que nos suscite  personaje con tan enorme ego, talento y visibilidad (en unos rechazo, en otros devoción, difícilmente indiferencia) lo que sí está fuera de discusión es que hubo -hay todavía- un lugar en el que reinó. Confesaré que no soy acérrimo del señor Martos, del mismo modo que no seré tan estúpido en no reconocerle al menos un par de docenas de canciones soberbias. 

Los fieles de su iglesia aducirán que son muchísimas más, que soy cicatero y vacuo. Del mismo modo sus detractores me llamarán exagerado e incidirán en lo difícil que resulta estropear canciones de tamaña legión de estupendos autores, Manuel Alejandro por encima de todos. Volvemos al principio, todos tendrán razón. Sucede que uno es rarito, cabezota, limitado y también un poco mosca cojonera. Mi señora lo llama "El síndrome del polemista vacuo" y es ella mujer sagaz y atinada. Al final uno siempre parece encontrarse en tierra de nadie. Si los halagos son prácticamente unánimes prefiere centrarse en comentar las costuras y si en cambio la carnicería es la tónica del tendido  me arrogo el papel de abogado de causas presuntamente perdidas. Así me va. Pero en fín, vayamos a lo concreto.

 De lo que sí que estoy razonablemente seguro es en lo pestífero de sus sucesivos intentos de colarse entre la modernidad. Principalmente por dos cosas. Primero porque maldita la falta que le hacía a un tipo que, con sus excesos y aciertos, había logrado dejar huella imperecedera y por encima de todo ser él. Segundo (y en mi humilde opinión bastante más grave) por lo chirriante y lamentable de todo ello; los -horrorosos- colaboradores, los -infaustos- arreglos de un repertorio imponente y el autoengaño, imagino que natural, en un tipo acostumbrado a los aplausos y ya en la recta final de su vida.

Si ha de ser así


 Su última vuelta (confieso que ya he perdido la cuenta) venía encabezada por una canción. Una canción que desgraciadamente no se publicó nunca en nuestro país. No sé muy bien por qué, pero tampoco es asunto que venga mucho al caso. El caso es que "Si ha de ser así" (tal era su título) era una canción extraordinaria. Versión de "If it comes to that" que publicase Jerry Reed en 1967, su aproximación la supera en todo hasta ofrecernos otra, nueva. Mejor; Sus cuerdas iniciales, los vientos sosteniéndola, las guitarras, la base rítmica andante y sobre todo una voz ajustadísima, ni risiblemente amanerada ni afectadamente seria. Juguetona y poderosa, con el tono adecuado para una canción que aquí parece abandonar el original tono country de la de Reed y querer oscilar entre el northern y el popcorn. Una canción que se sitúa sin esfuerzo entre las suyas que más me gustan ("Cuando llega mi amor", "Estuve enamorado", "Cuando tu no estás", "Volverás otra vez", "Todas las chicas me gustan"…). Estoy hablando, obviamente, de su versión original, no del engendro insustancial en el que la han convertido. Incluida en "Corazón, corazón", era éste un Lp de la división latina de United Artist (el sello que tenía los derechos en los USA de la española Hispavox) con el que al parecer  se pretendía poner una pica en Flandes dentro del mercado americano, más allá del fielato hispano, cuyo apoyo y militancia se daba por descontado. El disco es una cosa curiosa. Junto a cuatro o cinco canciones de la Banda sonora del "El Angel" (Vicente Escrivá, 1969) incluye también una sorprendente versión del "Te quiero, te quiero" de Augusto Algueró convertido en himno por Nino Bravo y sorprendentemente jamás publicada en España. La relación de arreglistas es cosa seria; Rafael Ibarbia, Waldo de los Rios, Augusto Algueró, Jose Luis Armenteros y Juan Carlos Calderón. Lo mejor para el estandarte del sello señero español de aquellos tiempos.

Vive tu vida









































miércoles, 20 de agosto de 2014

EDDA DELL ORSO L'absoluto naturale








































"Cuando comencé a usar la dinamita creía en muchas cosas. Ahora solamente creo en la dinamita"

(John Mallory)



 




¿Quién es Edda dell Orso?. ¿Cuál es la verdadera naturaleza de su grandeza?. ¿Por qué es tan poco conocida?… las preguntas se agolpan en mi mente, aunque, les aviso, no esperen respuestas aquí.  Me daría por satisfecho con encender una pequeña luz  que les sirviese de modesta guía y tenue faro en la inmensa aventura que es su voz y su música.

 Pero tal vez sea mejor comenzar desde el principio. Por mi principio más bien. Creo que caí rendido a sus pies, al menos conscientemente, la primera vez que vi "Giu la testa/Agáchate maldito" (Sergio Leone, 1971). Es ésta la menos conocida y en mi opinión el más hermoso capítulo de la segunda trilogía de Sergio Leone. Aquel tríptico -sublime, imperfecto, poético y también político- iniciado por "Hasta que llegó su hora / C'era una volta il west"" (1968) y finalizado década y media más tarde con "Erase una vez en America" (1984). Como ya dije arrinconada cuando no olvidada, narra la relación entreverada de complicidad y traición, casi una competición de aparente cinismo en pleno México revolucionario, entre el jefe de una saga de bandidos local llamado Juan Miranda (un sentimental buscavidas, realista y desencantado, dedicado, en medio de una época de cambios, a pescar en río revuelto, encarnado por un Rod Steiger que pocas veces estuvo mejor) y un antiguo miembro de ejército revolucionario irlandés de paso a los Estados Unidos (James Coburn labrándose el mito, en pleno apogeo de su mojo), casi un ángel de la muerte. 


  John Mallory es un aventurero forzosamente descreído, empujado a ello en parte por elección personal y en mayor parte aún impelido por el destino. Un tipo ducho en el manejo de explosivos y desde hace tiempo a sueldo del mejor postor, al que nada parece importarle más que la dinamita (y aquí que cada uno haga las analogías que mejor estime). Pese a su pétrea máscara ribeteada de cinismo y pragmatismo, un tipo mucho más sentimental de lo que pretende hacernos creer. Un hombre que lleva a cuestas una pesada carga. Tan presente siempre que parece incapacitarle en labrarse un futuro. 


 Hay una escena -larga y hermosísima- en la película que lo explica todo. Los cinéfilos tal vez le achaquen mil defectos (Un flashback con el flu embellecedor, la digresión justificativa, la cámara lenta, etecé, etecé). Dándoles la razón es precisamente todo eso lo que a mi me atraparía definitivamente. Vemos a un trío -dos hombres jóvenes, James y Sean, y una mujer hermosa- subidos a un coche descapotable. Felices y despreocupados en medio de lo que quiere ser la campiña irlandesa. Risueños, besándose, viviendo el momento. En la frente de uno de ellos, el conductor,  algo que parece un lunar y que semeja a un agujero de bala. Algo que, más tarde, con el devenir de los hechos, nos hará volver a pensar en ello. John apartando el rostro a su camarada Sean mientras besa a la muchacha apasionadamente. Su pie pisando al de su amigo sobre el pedal del acelerador. Cambiamos de escena y vemos a James admirado ante la vehemencia y el empeño de Sean, aleccionando a la población contra de los invasores británicos, haciendo proselitismo de un viejo/nuevo país. Enseguida sabemos que al contrario que él, un hombre de acción, rudo y un tanto acomplejado por su falta de instrucción intelectual, Sean es el líder,  el pensador, el ideólogo. Nos bastará con la mirada de Coburn darnos cuenta; transparente, admirada, fraternal, casi devota. Y al fondo, en principio en un segundo plano, en realidad presente como el mejor de los personajes, la música de Morricone. El lecho de cuerdas andante, Alessandroni fischiando, el clavicordio, la base rítmica … todo en progresión como única -y todavía misteriosa- explicación.

 Una tercera escena. En el pub. Parroquianos, pintas de Guinness y James apoyado de espaldas en la barra, en una esquina frente al espejo, pareciendo esperar. Dos soldados del ejército de su graciosa majestad que irrumpen, armados, gritando, empujando a un pobre desgraciado. Su rostro cabizbajo y magullado. Derrotado. "Shone, shone, shone" … Sean. Los dos amigos juntos de nuevo. Sólo que no hay risas, ni camaradería, ni complicidad. El espejo del pub, un actor más, una pequeña ventana que ilustra los estadios del alma de Mallory; sorpresa, temor, furia, ira. Por este orden. Vencido, el preclaro revolucionario, la cabeza pensante no es ahora más que un delator. Magullado, avergonzado, impotente. El espejo otra vez. Las miradas que se cruzan de nuevo. La clemencia, el perdón, la traición. Todo entreverado, luchando por ver quién o qué resulta vencedor. "Sean, Sean, Sean… Sean, Sean" (Se ha dicho -y es cierto- que Edda nunca cantaba un texto sino más bien onomatopeyas y sonidos que surgían de lo que la música le sugería) es acaso una de las frases -o sonidos, o sensaciones, como quieran- más elocuentes que jamás he escuchado. Lo que fue y lo que pudo haber sido, lo que ha terminado por ser en esa frase. El final, dos finales en realidad -uno literal, el otro sentimental- de dos amigos. La mirada última, un breve instante para la duda. Y bullendo entre todo ello un montón de ideas; El pueblo frente a las élites. La traición y la decepción. El perdón, un perdón que no se puede otorgar, tan sólo ganarse. Ni una palabra, únicamente "Sean, Sean, Sean". La despedida silenciosa y un disparo que es una adiós a tantas cosas.



 Romántica e idealista, surcada de un fatalismo nihilista, "Agáchate maldito" es una fábula acerca de la política y las grandes ideas, pero sobre todo un cuento acerca de la pequeña realidad que al final conforma nuestras vidas. Una fresco sobre la amistad en medio de un conflicto histórico en el que el autor toma posición. Contra todos aquellos que pretenden regir nuestro destino, inmaculados, aquellos que nunca se ensucian pero que no dudan en exigirnos que nos ensuciemos y sobre todo una mirada respetuosa hacia los pequeños actores que conforman ese escenario, meros peones en el tablero de los poderosos. Ambiciosa como pocas, toma riesgos de los que no siempre sale inmune. Combina y contrapone anarquía y cristianismo, ideales y pragmatismo, sin tomar partido como axioma genérico sino en el caso en particular. Profundamente individualista, aboga por la libertad y los principios como algo que cuesta pero también irrenunciable, y antepone los anhelos del individuo frente al grupalismo falsamente solidario. Los principios frente a todo lo demás, aunque esto conduzca irremisiblemente al sacrificio. Dos situaciones similares (la delación de Sean en la Irlanda republicana, la del doctor Villegas en el México revolucionario) y dos formas distintas de afrontarlo. Frente a la huida y la abdicación de los ideales en el primer caso, la beligerancia y posterior inmolación para lograr mantenerlos en el segundo. La aparición súbita de una segunda oportunidad capaz de redimir los errores del pasado, no volver a cambiar seres humanos inocentes por conceptos elevados.












Edda dell Orso nació en Génova y desde muy niña comenzó a estudiar piano en el conservatorio, impelida por su padre, quién soñaba verla convertida en una gran concertista. El problema es que ella estaba subyugada por el canto. A escondidas participaba en coros y tan solo una vez encauzados sus estudios de piano su padre permite que tome lecciones de canto a las órdenes de Italo Brancucci. Era este un prestigioso maestro, padre de Maria Cristina Brancucci, más conocida como Christy (Sí, la del majestuoso "Deep down" de Morricone para la película "Diabolik"). Pese a estar sólo un año debido a su muerte Edda siempre lo ha reconocido como el maestro gracias al cual desarrolló su peculiar estilo. Un estilo de técnica casi perfecta pero no constreñido por la partitura, sino permitiéndole interpretarla a su modo hasta lograr un sentir intransferible
que terminase por dotar a la partitura de un vuelo y una hondura personal.


Tras formar parte de diversos coros ingresa en el de Franco Potenza, maestro dedicado a lo que hoy llamamos música de librería y que en aquel entonces se denominaba, muy apropiadamente, colonne sonora. Sintonías, melodías, ilustraciones sonoras por encargo para cine, televisión y programas de radio. Pronto se convierte en primera voz solista de dicho coro y allí será donde conozca a Alessandro Alessandroni con cuyo I cantori, tendrá larga y fructífera colaboración. Todavía en formación hace coros en discos de Fabrizio de André o Francesco di Gregori, pero su revelación ante el mundo será con "Hasta que llegó su hora / "C'era una volta il west". Ya había colaborado brevemente con Ennio Morricone en "Malamondo" (Paolo Cavara, 1964) o "El bueno, el feo y el malo" (Sergio Leone, 1966) pero será con "C'era una volta il west" donde todas las piezas encajen con singular perfección. Una arquitectura a tres bandas que a día de hoy sigue refulgiendo impecable; Los paisajes panorámicos, los primeros planos de los ojos, los rostros caravaggiescos y la parquedad en palabras de los actores combinados con la música. Una música que aúna moderada experimentación y clasicismo elegante, en absoluto atiborrada de notas y acordes sino más bien parca. Pocas elegidas, estiradas en sucesivos -e inventivos- tratamientos instrumentales de un lirismo a menudo desarmante. Musica libre y poderosa. Y finalmente, como guinda definitiva, la voz. Su voz. Un personaje más, el personaje definitivo. Evocadora, carnal, delicada, rotunda… capaz de suscitar una catarata de sentimientos. Tantos como puedan darse en el alma humana. Logrando el prodigio no sólo de retratarlos sino de trascenderlos hasta abrir campo casi infinito a los que un futuro puedan suscitarse. Todo ello, está de más señalarlo, desde la serenidad y la elegancia más absoluta. desde el absoluto naturale. Una cosa verdaderamente prodigiosa.


Sospesi nel cielo (Malamondo)





A partir de ese momento las colaboraciones con Morricone son incontables; La donna invisible, Una lucertolla con la pelle di donna, Diabolik, Veruschka (poesía di una donna), 4 mosche di velluto grigio, La estacione dei sensi, Meti una será a cena, La foto prohibiste di una signora per bene, Vergogna schifosi, Escalation, La Califfa, Gli Scasinatori, L'ocello dalle piume di cristallo… la lista es interminable. Decía El Maestro que lo que más le gustaba de Edda dell Orso no era sólo su voz, incomparable, sino su capacidad para leer no sólo lo que estaba en la partitura sino, sobre todo, de interpretar y entender aquello que no estaba. Que no era únicamente una intérprete sino que era, también, un músico, un igual. 

Escalation



 



































The wordless song (Las vegas 500 millines / They come to rob Las Vegas)




Pero no solo trabaja con Morricone. Lo hará con prácticamente la plana mayor de los compositores italianos; Con Piero Umiliani ("Svezia, inferno e paradiso", "Il corpo", "Angeli bianchi, angeli neri", "Questo sporco mondo meraviglioso", "La ragazza fuoristrada"…), Stelvio Cipriani ("Femina ridens"), Gian Franco Plenizio ("La gatta in calore"), Armando Trovajoli ("Paolo il caldo", "Sesso mato"), Berto Pisano ("Kill!", "La svergognata"), Gianni Ferrio ("La poliziotta"), Marcello Giombini y ¡Antón Garcia Abril! ("4,3,2,1, morte"Giorgio Gaslini ("La notte dei diavolo"), Luis E. Bacalov ("La superstestimone", "Il grande duelo"), Piero Piccioni ("Un modo di essere donna"). También con el gran Bruno Nicolai -director de orquesta, colaborador de Morricone y por cuya obra uno siente especial devoción- en "Tutti i colori del biuo", Femini insaziabili", "De Sade'70", "Philosophy in the boudoir", "Agente speciale LK", "Una vergine tra i morti viventi"…

























Ecstasy of gold (Two mules for sister Sara)
























Mary's theme (Femina ridens)


 El elenco de directores con los que trabaja es igualmente asombroso; Dario Argento, Luigi Scattini, Luchino Visconti, Sergio Sollima, Jess Franco, Alberto Lattuada, Mario Bava, Jose Maria Larraz, Pietro Schivazappa, Ettore Scola, Giusseppe Patroni Griffi, Pupi Avatti, Ducio Tessari, José María Forqué, Salvatori Samperi, Luigi Comencini… ¿Las películas?. Pues hay de todo. Lo único que no baja nunca del notable son las partituras y su voz. Unas veces en primerísimo plano, otras sutiles y esporádicas. A veces colaborando con I cantori moderni d'Alessandroni, o con Alessandro en solitario, maestro del fischio (silbido) junto con Nico Fidenco. No tenía tampoco problemas en cantar en directo durante la grabación o de registrar su voz más tarde, dando con ello pábulo al juego con las pistas, superponiendo su voz  sucesivamente hasta obtener como resultado un melodía grácil, onírica, de mayor profundidad cuando más leve resultaba. Fonemas que se adaptan a la melodía de una manera inexplicable, aparentemente sin significado y que, precisamente por no tenerlo, significan todo aquello que queramos imaginar. Es cierto que gran parte del atractivo de la bossanova más escueta y también más lírica procede de ahí, pero el prodigio de Edda es que lo hace con cualquier partitura, hasta llevarla a un escalón superior. Cuanto más obsesiva y cerebral es la música más se recrea para dotarla de grandeza. Cuanto más melódica y agradable más esporádica y sincopada es su voz. Apenas unas leves pinceladas que le de el color necesario, que la trascienda. Escuchen "Veruscka, Poesia de una donna" (Un documental acerca de la aristócrata y modela alemana Vera Von Lhendorf del que ya hablamos en el blog) o la inolvidable "Metti una será a cena" y tal vez entiendan aquello que tan mal intento explicarles.


Veruschka


Metti una sera a cena



"La donna invisibile" es quizá mi banda sonora preferida junto a "Una lucertolla con la pelle di donna". Es una partitura muy articulada, muy cerebral. Tenía una estructura musical que se adaptaba muy bien a mi modo de vocalizar"

(Edda Dell Orso)

La lucertolla con la pelle di donna




Es tan cierto eso que dice como es bien cierta su humildad y su modestia. En "La Lucertolla con la pelle di donna" podríamos decir que concurren varios Morricones; El Morricone experimental, con sus flirteos con el jazz y la música concreta del Gruppo d'improvisazione nuova consonanza y el Morricone dedicado a la exacerbación sentimental, al vuelo evocador. Un clavicordio amplificado, juguetón y lúgubre, nos transporta a ese limbo en el que, una vez más, la voz de Edda dell Orso, acaricia y mece, conforta y repara. En "La donna invisible" todo es de una sofisticación que impresiona. Pero no una sofisticación de cartón piedra, huera ni falsa, sino andante, sutil, una vez más naturale, hasta lograr conformar un ente propio, artístico y pleno en el que todo concuerda, llegando, en ocasiones, la perfección. 

Creo que era Dylan quién decía que un artista ha de tener cuidado de llegar a un sitio y pensar "Ya he llegado". Que cuando así piense todo se habrá terminado para siempre. También decía que la magia de la relación entre el artista y el público se mantendrá mientras estos tengan la impresión, cada vez que le miren a los ojos (que le escuchen en definitiva) la impresión de que nos está diciendo "Sé cosas que vosotros no sabéis". Y así, mientras se sepa navegar entre la humildad y la ambición, mientras que cada canción persiga ser una obra sin dejar de ser una canción todo irá de maravilla. Absolutamente natural.

Alla serenita (La donna invisibile)


I Bambini chiedone perche (Edda e i Cori nuovi angeli)











































Un altro mare (vergogna schifosi)



"Soy narcisista, perfeccionista, muy concienzuda. Extremadamente cuidadosa con todo aquello que canto aunque una vez finalizado, en manos del compositor, no me importa donde se va a añadir mi voz. Cantar para mi lo es todo, es una necesidad vital. La música es como una confesión, algo de qué y a quién hablarle íntimamente"
































Ricordo di Lilia (Paolo il Caldo)